Cultura

Mujeres migrantes del Caribe Sur generan sus propias dramaturgias

La actriz Vivian Rodríguez dirige talleres de teatro, danza y yoga a mujeres en Puerto Viejo de Limón.

El teatro es expresión artística, es también exploración personal y es acción social hecha desde la Escuela de Artes Dramáticas y el Instituto de Investigaciones en Arte (Iiarte) de la UCR, a través del proyecto de investigación Historias de Desarraigo: Monólogos de mujeres inmigrantes del Caribe Sur.

Se trata de una iniciativa de la actriz y docente Vivian Rodríguez, que consiste en talleres de expresión dramática dirigidos precisamente a esa población en la zona de Puerto Viejo de Limón.

Según explicó, esa investigación tiene dos objetivos. El primero lo describió como un proceso de laboratorio e investigación sobre las historias de las mujeres participantes en sesiones prácticas, que incluyen ejercicios de teatro, danza y yoga.

Detalló que “cada tres meses nos reunimos, hacemos sesiones y durante esta etapa la idea es explorar sobre los temas ejes que van saliendo en cada historia personal; entonces se da un proceso de escritura de ellas mismas”. Proceso en el que “en paralelo a esa sección práctica, les mando tareas a todas, se las reviso y les doy indicaciones para que vayan construyendo su historia más individual”.

La idea es que cada una de las participantes profundice cada vez más en su propia historia de vida. “de manera que al final puede ser que lleguemos a un resultado artístico, o puede ser que no”.

La etapa inicial arrancó con diez mujeres y cada tres meses la idea es hacer un grupo multinivel; es decir, en el que participen mujeres con diferente nivel de desarrollo en el proceso.

Con ello se busca cumplir con el segundo objetivo de investigación desde la perspectiva de la acción social, buscar “la sororidad, pues entre ellas se inspiran para poder expresarse”.

La segunda etapa de la investigación, consistirá en un trabajo posterior sobre esas historias. “Voy a tratar de reescribirlas, a tratar de usar esas historias autobiográficas reales y hacer monólogos del desarraigo; o sea, monólogos de inmigrantes”, que eventualmente podrían ser aprovechados en montajes o para ser publicados porque “son historias basadas en hechos reales”.

Sobre las participantes, dijo que cada una de ellas ofrece una historia “total y radicalmente particular”, y mencionó de ejemplo a una alemana que estudia música barroca, una maestra Montessori, una mujer nicaragüense que decidió en un momento dado dejar a sus hijos allá y ahora es una jefa de hogar con sus hijos a su lado, o una periodista argentina.

“Son historias muy diversas, es muy rico porque en el caso mío, a nivel de dirección, me abre muchas  posibilidades”; razón por la cual “lo planteé como de investigación y no solo como un proyecto de acción social”.

Al respecto subrayó que las mujeres participantes “actúan per se, fui mucho tiempo profesora de actuación y es todo un tema enseñar a que sea orgánica… Yo no tengo que meterme porque ellas están tocando sus materiales desde un lugar que es para ellas seguro”.

Teatro como acción social

Para Rodríguez, el teatro “se volvió acción social”. Según relata, tras estudiar danza, yoga, meditación, tai chi y otras disciplinas, se conectó con la parte “terapéutica de beneficios para la salud”, que fue la idea central de su tesis para graduarse de la Escuela de Artes Dramáticas.

De manera que buscó “no solo lo metafórico y artístico del teatro”, pues se vuelve un vehículo de “búsqueda personal, como una serie de catarsis en la escritura, en la actuación y hasta en la concepción del espectáculo.

Por ello decidió plantear la investigación y probar sus hallazgos e inquietudes con personas que nunca hubiesen hecho teatro.

Informó que el proyecto tuvo una primera experiencia que se dio cuando cursó la Maestría en Ciencias del Movimiento Humano de la Escuela de Educación Física, lo cual le ofreció la oportunidad de trabajar sus ideas con estudiantes de la Universidad de  Costa Rica (UCR), personas adultas mayores y adolescentes privados de libertad.

Posteriormente, se planteó llevar la experiencia al Caribe Sur, pues vive en Cocles desde hace cuatro años. Se trata de una zona donde, según dijo, viven muchas mujeres jefas de hogar y de muy diversas procedencias: centroamericanas, sudamericanas o europeas.

Logró el apoyo del Centro Cultural de España (CCE) y junto al actor argentino Martín de Goicoechea diseñó un proyecto piloto de seis semanas, que consistió en un taller de teatro con mujeres inmigrantes, “fue un éxito”.

Posteriormente, con el fin de mantener el proyecto en esa localidad, pasó a plantearlo a la Escuela de Artes Dramáticas para proponerlo a su vez al Iiarte.

Dijo estar “fascinada” por el hecho de trabajar con personas que no buscan una carrera artística, sino que “tienen hasta inhibiciones, ideas de que no pueden hacerlo. Quitarle a una persona una idea preconcebida es todo un trabajo y todo un reto, pero sí me gusta muchísimo”.


“Todos tenemos algún ancestro migrante”

“Confirmo lo terapéutico, no sé si es el único objetivo final, pero como lo ha enfocado Vivian es cierto, se ha visto hasta en mis compañeras: trabajar algún tipo de temáticas las ha liberado en cuestiones de emociones y te hace tomar una perspectiva distinta”.

Con esa vehemencia se expresó Lorelay Semeñenko, una psicóloga argentina, participante de los talleres, que llegó a instalarse a Puerto Viejo hace seis años. Proviene de la Patagonia, concretamente de la ciudad de Bariloche y recordó que emprendió un viaje por toda Sudamérica: “vine subiendo en un carro y cuando conocí Puerto Viejo me quedé”.

Consideró que el ejercicio de la escritura en los talleres le pareció “fundamental”, pues “fue progresivamente llevándonos hasta cuestiones muy profundas en lo personal”, tanto desde la asociación libre de la escritura como la posibilidad de hacer una “lectura abierta, no rígida, y entonces darle más lugar a lo creativo”.

Dijo que la propuesta de Rodríguez implica “el desarrollo de la dramaturgia, la puesta en escena; entonces me ayudó mucho a entender también por qué yo había decidido migrar en su momento y por qué sostener la decisión también tiene lo suyo. Se sostiene más allá de los obstáculos y dificultades que uno va encontrando y también de extrañar a la familia, los afectos es lo que más extraño”.

Entonces surge la pregunta, ¿se encuentra una forma particular de libertad en el desarraigo? “Exactamente, porque uno hace una ruptura con su identidad, es una salida que rompe y angustia por un lado, pero también es como el salto al vacío, uno no sabe que ese vacío es una sensación de vértigo y que se disfruta, pero que no deja de tener puntos de dolor”.

“Todos tenemos algún ancestro migrante, es increíble eso; pero, ¿por qué elegimos esto, Costa Rica y Puerto Viejo? Cada una tiene sus razones y ha sido muy enriquecedor, muy creativo realmente el espacio tal como está propuesto y como lo trabaja Vivían. Estamos muy contentas todas, es increíble, es un hallazgo, una perla en el Caribe”, afirmó.


 

 

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